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En el Ramos Mejía, los alumnos no se hacen la rata… conviven con ellas.

por CARLOS CRUZ

Nueva protesta de los alumnos, padres y personal docente de la escuela. Desde el comienzo del ciclo escolar vienen reclamando al Ministerio de Educación que encabeza Soledad Acuña -sin resultado alguno- una desratización, debido a una verdadera “invasión” de roedores en el establecimiento.

Es en la tradicional escuela pública primaria del barrio de Almagro. donde desde hace ya más de cinco meses, los maestros deben dar clases a pesar de una invasión de ratas que pone en peligro a alumnos y docentes por igual.

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En efecto, en la oficialmente llamada escuela primaria común N°16, José María Ramos Mejía, a pesar de los insistentes reclamos de las autoridades de la escuela al ministerio que encabeza la -pésima- ministra de educación, Soledad Acuña, las ratas pasean por las aulas, el patio y las diferentes dependencias, sin que la funcionaria haga nada por ello. Tan solo dice -y remarco el “dice” pues no es muy creíble en sus dichos- que está esperando las vacaciones de invierno para desratizar, algo que suena increíblemente torpe tras cinco meses de pedidos en vano.

Por ello, a una cuadra del establecimiento, en la intersección de 33 Orientales y la Avenida Rivadavia (la escuela está en 33 Orientales y Don Bosco), se llevó a cabo una protesta a través de un “semaforazo”, con el fin de exigirle al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires la inmediata desratización de la escuela.

Según los docentes de la institución que participaron de la protesta. la situación que ya era difícil hace varios meses, actualmente se ha vuelto muy crítica, llegando al punto en el que los roedores son visibles durante la jornada escolar en aulas, patios, dependencias y hasta el comedor del edificio escolar.

La única respuesta que brindó hasta el momento el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no pasa de la insistencia de la aplicación de un protocolo que resulta a todas luces inútil, algo que está a la vista -de quien lo quiere ver, quizá ese es el problema- con tan solo entrar a la escuela y cruzarse con los nuevos habitantes y sus heces, quienes pelean palmo a palmo a los antiguos residentes: docentes, personal de maestranza y alumnos.

Los propios padres de los alumnos del Ramos Mejía, emitieron un comunicado en el que denuncian que “desde el mes de marzo de este año la institución junto con la cooperadora han generado múltiples reclamos a la Supervisión del Distrito Escolar por aparición de excremento de ratas para lo cual la ÚNICA SOLUCIÓN brindada fue colocación de cebos que NO sirven”. Y agregaron: “El colegio es de jornada completa y los niños cuentan con comedor dentro de la institución. Comedores que están en perfectas condiciones de limpieza pero, aún así, hay excremento de rata en los tres sectores de comedor, como en otras áreas del colegio. Además, hay instalaciones mordidas por las ratas.

Por todo esto, y ante la falta de respuestas del ministerio de Soledad Acuña, quien no hizo nada útil para solucionar un problema que a priori debería ser sencillo, (eso sí, la ministra es eficiente en llenar horas y horas de programación de radios y televisión, ríos de tinta de diarios, y múltiples presencias en redes sociales, vociferando sus “logros” y la necesidad imperiosa de la presencia de los chicos en las escuelas), las autoridades del establecimiento adoptaron medidas propias para por lo menos, paliar la situación. Por esto, para combatir la presencia de ratas en las escuelas y en varios grados se retomó a la educación a distancia, como durante los peores meses de la pandemia de Coronavirus.

 

Y la dirección de la Escuela, se vio obligada a suspender las clases de hoy, martes 12 de julio, ya que “se encontraron roedores muertos y excrementos en la sala de 1er grado, la sala de maestros, el comedor general, la sala de juegos de jardín y la secretaría”. 

Con los chicos y sus padres al grito de “No más ratas” se llevó a cabo el semaforazo. El asunto llegó hasta la Legislatura. Tan solo por una cuestión de visibilidad que no pudo ocultar como en otras situaciones, se espera que Larreta y Acuña ahora sí brinden una verdadera solución definitiva a un problema que nunca debió existir, o por lo menos en la magnitud y extensión en el tiempo que se necesitó para prestarle “algo” de atención.

¿O será parte de la transformación? … que no para. 

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