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Un dia muy triste

por CARLOS CRUZ

“Otra vez… inmensa pena”, reflexionó la vicepresidente Cristina Kirchner, tras señalar parafraseando a Néstor Kirchner, que el Fondo Monetario Internacional “siempre actuó como promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en el pueblo argentino”.

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No se equivocó en absoluto. Y tampoco lo hizo luego de mostrar un video dónde se ve la intencionalidad del ataque a su despacho por un minúsculo grupo de… ¿izquierda?

“Paradójicamente fue mi despacho el que atacaron”, dice y agrega: “El despacho de quien hizo frente a los fondos buitres, quien mantuvo fuera del país al FMI cumpliendo el legado de mi compañero Néstor Kirchner y que además construyó con su decisión el Frente de Todos que permitió derrotar a Mauricio Macri. ¿Paradójicamente o intecionalmente?”.

 

Y así lamentablemente son las cosas. La sociedad argentina nuevamente cae bajo las garras de la grandilocuencia ensordecedora y alienante del discurso único que vociferan hasta el cansancio tanto los políticos que transan con el círculo rojo, como de los adláteres mediáticos que los representan. Y ante la bestialidad manifiesta de una acción como la que perpetraron el FMI y Mauricio Macri, en cuanto que no solo endeudaron, sino que (por acción u omisión) desfalcaron a todo el pueblo argentino pidiendo un crédito inusitadamente elevado para fugarlo en su mayoría al exterior y, con el saldo, “pagarle” al sistema financiero los favores recibidos, es realmente oprobioso que no se hayan realizado acciones para dejar de reconocer tamaña estafa. O minimamente, imponer condiciones acorde a un organismo que actuó de mala fe solo para sostener un proyecto político que beneficiaba (y mucho) a las empresas e individuos que representa. Porque seamos claros: el FMI no es un banco, ni una institución de fomento de inversiones, ni siquiera de salvataje como les gusta presentarse… No. Es, ni más ni menos, que un garante con garrote y dientes de colmillo que defiende los intereses de las finanzas internacionales. Caiga quien caiga y no importa si sus acciones provocan hambre, desocupación, sufrimiento y muerte en los pueblos a los que dice “salvar”. Sus recetas son como las de Yiya Murano: puro veneno. Y esta que nos recetaron ahora, no difiere mucho de esto. Maquillada, con vestidito nuevo… bien presentadita con palabras como “crecimiento” o frases del tipo “sin ajuste ni tarifazos”. Pero no nos engañemos, tan solo ganamos un poco más de tiempo como el condenado a muerte al que se le acepta una apelación, suspendiendo la ejecución. Para Argentina es hasta 2026… ¿el precio? Cada tres meses vamos a asistir al show mediático que van a armar con sus funcionarios, debilitando aún más al Gobierno. ¡Es consciente Alberto Fernández de esto? ¿Cree que los medios y la oposición no se van a hacer un picnic con cada visita de acá a las elecciones de 2023? Me parece que, aparte de que dejamos las conviciones en la puerta de la Casa Rosada, nos pusimos la soga al cuello solitos… y de esto, Cristina no come vidrio. En política, ya demostró que está muchas cuadras delante del resto del pelotón. Y su consejo al presidente desde la primera hora fue “que se apoyara en el pueblo”. No la escucho… no lo hizo casi nunca. Pensó que podía “dialogar” y “acordar” con los miembros del círculo rojo. Pensó que podía sacar rédito del “consenso” y del “mi amigo Horacio”. Tendría que haber sabido que todos ellos están en las antípodas de las necesidades de ese pueblo que le dio el voto… la confianza. Tendría que haber sabido que son gente que incluso detesta a su propio pueblo. Su país es verde: verde campo… verde dólar. Y Cristina siempre lo supo, y por eso los combatió y hasta les torció el brazo. Por ello después pagó con la acusación falsa, la persecución política y judicial, las amenazas que llegaban incluso a sus hijos, las injurias, las mentiras constantes repetidas hasta el hartazgo… pero también sabía que era el precio a pagar por haberlos doblegado. Como sabe también que la odiarán siempre por eso. Como hicieron con Boudou, con Milagros Sala y con muchos otros compañeros perseguidos (y hasta encarcelados) por la maquinaria de Mauricio Macri y sus colegas por haber osado interferir en “sus” (sucios) negocios… Pero que lindos fueron esos tiempos, ¿no?

Espero que algún día, como decía Ceratti, nos cante “me verás volver…” y las convicciones nuevamente estén donde deben: adentro de la Casa Rosada.

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